Introducción
Cuando pensamos en un mural, a menudo imaginamos la obra de un solo artista, un genio solitario que plasma su visión en un muro. Sin embargo, la historia del muralismo nos ofrece ejemplos fascinantes de creación colectiva, donde el proceso es tan importante como el resultado. Uno de los casos más reveladores es el del mural Retrato de la Burguesía, dirigido por David Alfaro Siqueiros en la Ciudad de México entre 1939 y 1940, y en el que participó activamente el artista valenciano Josep Renau. Como señala Javier Parra en su estudio El Titán en Valencia, esta obra no solo fue un hito artístico, sino un laboratorio de metodologías colaborativas que aún hoy pueden inspirar el arte público.
Desarrollo
Un equipo con reglas democráticas
El equipo que pintó el Retrato de la Burguesía funcionaba bajo principios que hoy llamaríamos horizontales. Según Parra, Siqueiros propuso un régimen interno donde “habría libre iniciativa y libre discusión de todo. Las decisiones serían colectivas y democráticas sobre todos los problemas de forma, contenido y organización del trabajo”. Todos los miembros tenían los mismos derechos y deberes, y el líder era quien demostraba mayor iniciativa en la práctica. Esta estructura, lejos de ser caótica, permitió que el mural se enriqueciera con múltiples miradas.
El espectador estadístico: una herramienta participativa
Uno de los aspectos más innovadores del proceso fue el estudio del público. El equipo observó a unas cien personas en las horas de mayor afluencia a las oficinas del Sindicato Mexicano de Electricistas, y construyó una maqueta a escala para analizar los puntos de vista del espectador en movimiento. Renau llamó a esto el “espectador estadístico”. Esta metodología, detallada por Parra, buscaba que el mural no fuera una imposición visual, sino una experiencia que acompañara el tránsito del espectador, rompiendo la rigidez de los muros y creando una ilusión de continuidad.
La negociación del contenido con los trabajadores
El contenido político del mural no fue decidido de antemano por los artistas. El Sindicato de Electricistas había sugerido una temática técnica sobre la industria eléctrica, pero el equipo, consciente del contexto global (la Guerra Civil española y el inicio de la Segunda Guerra Mundial), buscó un enfoque más crítico. Para lograrlo, entablaron conversaciones con los trabajadores, explicándoles la urgencia de denunciar el fascismo y el imperialismo. Como recoge Parra, “a los trabajadores más receptivos les sugerían presionar a sus líderes sindicales para que aceptasen representar en el mural la realidad social, desde el punto de vista de la clase trabajadora revolucionaria”. Así, el mural se convirtió en un proceso de concienciación colectiva.
El conflicto creativo como aprendizaje
El trabajo en equipo no estuvo exento de tensiones. Renau relata un episodio en el que, tras dedicar una semana a pintar el humo de un portaaviones, Siqueiros intervino su trabajo, introduciendo manchas blancas que deshicieron casi todo lo hecho. Renau sintió aquello como una bofetada, pero con el tiempo comprendió que “el humo de Siqueiros era el bueno”. Como explica Parra, esta experiencia le enseñó “la superioridad del trabajo en equipo, cuando es verdaderamente colectivo, sobre el individual”. La lección es clara: la creación colectiva no significa ausencia de jerarquía, sino confianza en la visión del otro y disposición a aprender.
Conclusión práctica
El Retrato de la Burguesía nos deja enseñanzas aplicables hoy a cualquier proyecto de arte público o muralismo colaborativo. Primero, la importancia de involucrar a la comunidad desde el inicio, no solo como espectadora, sino como parte activa en la definición del contenido. Segundo, la necesidad de estudiar el espacio y el público para que la obra dialogue con su entorno. Tercero, la disposición a ceder y aprender del equipo, incluso cuando el conflicto surge. Como demostraron Siqueiros y Renau, un mural colectivo no es la suma de individualidades, sino una obra que nace de la discusión, la negociación y el respeto mutuo.
Referencias
Parra, Javier. El Titán en Valencia. 2020.